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CEP Catalina de Erauso LHI

ENSEÑANZA INFANTIL Y PRIMARIA

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LOS COMPORTAMIENTOS

Los niños no nacen con un instinto disciplinario innato. Para entender cómo deben actuar necesitan aprender lo que pueden hacer y lo que no, y son los adultos quienes deberán enseñárselo. La manera más eficaz será mostrarles las consecuencias (tanto positivas como negativas) de su conducta. El secreto de este trabajo será siempre la constancia y la uniformidad en las respuestas emitidas por parte de los adultos.
El niño tenderá a repetir o evitar determinadas conductas según las consecuencias, positivas o negativas, que estas conductas le acarreen. Así, si el niño llora cada vez que quiera conseguir algo y ello automáticamente le es concedido, aprenderá que llorar es eficaz y utilizará este recurso con frecuencia. Si por el contrario, se ignora su llanto en esas situaciones, la consecuencia que aprenderá es que llorar para conseguir algo no es útil y, más que probablemente, dejará de emitir esa conducta.
Las conductas del niño deben ser guiadas con normas y límites, y reguladas mediante consecuencias (positivas o negativas) hasta que él adquiera capacidad de autocontrol. Este proceso no podrá ser posible si el niño no experimenta las consecuencias de sus comportamientos y no entiende las reacciones que su conducta provoca en los demás. Así, aprenderá que las cosas no son siempre como uno desea, y desarrollará la capacidad de TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN. Esta capacidad será el mejor aprendizaje para controlar tanto su comportamiento, como la ansiedad y, sobre todo, la agresividad.

ALGUNAS PAUTAS PARA EDUCAR AL NIÑO EN LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN:

  • Hacer que comparta sus cosas con los demás.
  • Permitirle que cometa errores: no darle nosotros la solución a todo lo que le ocurra.
  • Debe experimentar que conseguir cosas supone esforzarse: hay que plantearle situaciones con dificultades que tenga que superar para conseguir lo que desea.
  • No darle inmediatamente lo que pida: dejar pasar un tiempo entre la petición y la concesión.
  • No atender ni ceder a peticiones que vengan precedidas de rabietas, pataletas y muestras de ira.
  • Enseñarle a respetar a los demás, sus opiniones, sus turnos de palabra, sus juguetes etc...
  • No acceder nunca a demandas irracionales, caprichosas o descabelladas.

Muchos padres creen que el simple hecho de comunicar verbalmente a sus hijos que cambien ciertas actitudes o conductas es suficiente para lograr esos cambios. Sin pretender quitar un ápice a la importancia del dialogo entre padres e hijos, es necesario aclarar que, este tipo de mensajes verbales, por sí solos, raramente son eficaces para lograr cambios. Hay que tener claro que las consecuencias (positivas o negativas) de las conductas son las que verdaderamente logran los cambios en el comportamiento.

ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA FOMENTAR CONDUCTAS ADECUADAS:

Los premios o refuerzos:
Cuando hablamos de premios no nos referimos en exclusiva a los materiales. En la mayoría de casos, una caricia, un beso o una alabanza, tendrán mucho mayor poder de refuerzo que cualquier otro tipo de objeto (un dulce, un juguete, unos cromos..). Sin ningún género de duda, el mejor premio para un niño es que sus padres le presten atención, ésta es una de las consecuencias más poderosas para mantener o disminuir una conducta.
Antes de decidirnos a aplicar premios o refuerzos a conductas que interesa fomentar, habrán de tenerse en cuenta algunas pautas:

  • La primera es que el reforzador o premio será eficaz cuando se conceda tras haberse producido la conducta deseada. Es decir, que si tras producirse la conducta deseada, el premio no se otorga con inmediatez, se pierde eficacia.
  • La segunda es que, cuando concedamos un premio o refuerzo, estemos verdaderamente seguros de que este refuerzo tenga valor de premio o represente algo verdaderamente agradable para el niño

El fomentar conductas adecuadas es importante, pero lo es mucho más, el conseguir que estas conductas se conviertan en comportamientos estables, para ello, habrá que conceder los refuerzos valiéndose de una estrategia adecuada que se planteará en tres etapas que a continuación sugerimos:

  • 1ª Etapa.- Cada vez que el niño emita el comportamiento adecuado, se le premiará. Por ejemplo, si deseamos que recoja sus juguetes; para comenzar, cada vez que los recoja, se le dará un beso y una golosina. Cuando esta conducta comience a hacerse habitual, el premio se otorgará unas veces sí y otras no (por ejemplo dos días no y al tercero sí).
  • 2ª Etapa.- Habrá que ir espaciando el tiempo entre refuerzo y refuerzo aunque este refuerzo seguirá aplicándose de forma regular. Si sigue recogiendo sus juguetes, un día a la semana se le permitirá quedarse hasta un poco más tarde con sus padres en el salón a ver una película que le guste.
  • 3ª Etapa.- Si la conducta sigue, pasado un tiempo prudencial, ya no se reforzará o premiará la conducta a intervalos fijos, sino que se hará de forma aleatoria. En esta tercera fase el niño ya no sabrá cuando va a recibir el premio. Superada esta tercera fase, se supone que este nuevo hábito quedará incorporado a su comportamiento habitual.

Para finalizar, no deberemos olvidar la importancia fundamental que tienen los padres como modelos de conducta para sus hijos. Los padres han de ser conscientes de que los hijos imitan tanto las conductas adecuadas como las inadecuadas:
Por ejemplo, el lavarse los dientes o leer un libro delante de él. Habrá que animarle a que pruebe y premiarle cuando nos imite.
Por el contrario, si gritamos cuando les hablamos, empleamos expresiones inadecuadas o zanjamos los conflictos por medio de comportamientos agresivos, seremos los responsables de que los niños hagan lo mismo que nosotros.

ALGUNAS ESTRATEGIAS PARA DISMINUIR CONDUCTAS INADECUADAS: 

Entre estas estrategias mencionaremos las más comunes:

  • Retirar un refuerzo o premio: se trata de quitarle al niño algo que sepamos que le agrada. Por ejemplo, antes de bajar al parque, el niño se demora sin motivo a la hora de consumir su merienda. Le haremos saber que hasta que consuma la merienda, no saldremos al parque. Cuando el niño experimente las consecuencias de su comportamiento, y vea que la permanencia en el parque se le hace mas corta de lo habitual, aprenderá que el tiempo de juego depende de su conducta.
  • No atender las  conductas negativas (por ejemplo, llorar sin motivo): esta técnica se basa en que la atención por parte de los adultos al niño es uno de los reforzadores más poderosos. Sin embargo, esta técnica sólo la emplearemos cuando tengamos claro que el objetivo del niño es llamar la atención y al aplicarla no se producen conductas agresivas por parte del niño hacia sí mismo u otros.
    Así mismo, es una técnica que aplicaremos sólo cuando tengamos el control total de la situación (en casa solos nosotros y el niño) la presencia de terceras personas adultas en el entorno podría arruinarnos su aplicación.
    En esta técnica, la clave del éxito reside en la constancia y la firmeza. Además de ello, se complementará con refuerzos o premios (jugando, dedicándole atención..) cada vez que el niño reaccione como queremos.
  • La tarea reparadora: el niño deberá reparar un daño que él ha causado. Por ejemplo, si jugando a la hora de la comida ha tirado algo al suelo, se le pide que lo recoja y pase la fregona.
    Esta tarea reparadora para ser eficaz, deberá ser: de corta duración, habrá que haber avisado al niño previamente de las consecuencias de sus actos y se elegirá una tarea reparadora que sea útil en su aprendizaje.
  • Tiempo fuera (el rincón de pensar): consiste en retirar al niño de la actividad que está realizando y llevarlo a un espacio en el que, en soledad, no disponga de ningún tipo de entretenimiento ni distracción, ni posibilidad de comunicación con otras personas (una silla en el pasillo). El tiempo de permanencia en este lugar será de aproximadamente  un minuto por año de edad y la aplicación será de forma inmediata al comportamiento indeseado.
  • El castigo: consiste en aplicar una medida que sepamos que el niño considera negativa. Por ejemplo privarle de ver su serie de dibujos animados favorita por haber insultado a su hermano.

Es necesario remarcar, que otras técnicas de modificación de conducta mencionadas anteriormente como la aplicación de premios o refuerzos son más eficaces que los castigos. Sin embargo, en el caso de optar por esta última posibilidad y puestos a buscarle algún tipo de eficacia tendremos que tener en cuenta lo siguiente:

-El castigo será inmediato a la conducta indeseada. Castigos diferidos en el tiempo no son eficaces y mucho menos las amenazas de castigo no cumplidas.

-El castigo será proporcional a la conducta indeseada. Cuanto más grave sea la conducta más severo será el castigo.

Para finalizar este apartado, debemos remarcar que los castigos físicos son totalmente desaconsejables. Está demostrado que su eficacia para educar o suprimir de forma permanente conductas indeseadas es prácticamente nula, además de ello, no harán sino fomentar en quien sufre este tipo de castigos conductas agresivas que más tarde o más temprano acabarán manifestándose.

A modo de conclusión, deberemos tener muy en cuenta que, tanto refuerzos como castigos, habrán de ser utilizados en su justa medida para que su uso nos siga siendo útil en el proceso educativo. Debemos considerarlos como recursos preciosos que deberemos utilizar con moderación  y con un gran sentido de la proporcionalidad. Por ejemplo, si a un niño se le dan dulces todos los días, será muy difícil utilizarlos como premio. De la misma forma, la cantidad de elogios que le dediquemos al niño será proporcional al esfuerzo realizado por él. Si se le elogia por cualquier cosa o se exagera en las alabanzas y atenciones, el niño aprenderá que con poco esfuerzo obtiene el mismo premio que con mucho, y no se esforzará. Asimismo, habrá que dejar siempre patente que el refuerzo o premio siempre responde a una causa clara y concreta.